El humor, un liberador de energía

Actualizado: 25 oct


Existe una relación específica que desarrollamos con quienes podemos compartir nuestro sentido del humor, es decir que realmente no es con cualquiera, sino solo con aquellos a los que les es posible ver o sentir lo mismo que tú en una determinada situación. En mi caso, no es casualidad que con la persona con la que más me reía durante mi adolescencia era con mi mejor amiga, ambas compartíamos una naturaleza sumamente sensible y una habilidad para percibir el mundo externo desde un lugar más profundo.

Todavía recuerdo con gran agradecimiento la compañía que nos hicimos en una época en donde el deber-ser anteponía al querer-ser; en donde no importaba qué tan grande fueran los deseos internos, estos debían permanecer enterrados en lo profundo del ser para conformarnos con la demanda del mundo externo; un tiempo en donde cualquier iniciativa del corazón permanecía sin ser mirada, pues eran los resultados los que recibían toda la atención, el ser apropiado podía más que cualquier otra expresión interna.


Recuerdo aquellos momentos durante mi adolescencia, donde el humor nos sirvió como gran herramienta para liberar toda la energía de frustración acumulada. No había mejor herramienta que la de una buena carcajada en compañía de mi buena amiga. La risa no solamente nos permitía liberar energía atorada en nuestro organismo, sino que también facilitaba una sensación de placer en el cuerpo. Y es que no hay nada como una buena carcajada, esta te libera, relaja y te abre un espacio interno que te da claridad mental.

Nuestro humor parecía brotar cuando conocíamos a nueva gente y nos era posible reconocer una división inequívoca entre su esencia y un curioso rol motivado por el miedo impuesto por la sociedad. Esta fractura que parecía tan reconocible y nítida a nuestros ojos hizo de nuestra adolescencia una comedia entretenida. La parodia que para nosotras era obvia en el mundo externo y que podíamos compartir por medio de risas, representaba una forma para liberar nuestra sensibilidad y nos protegía de absorber el dolor de los demás. Sin que nos informaran de ello, la risa fue una herramienta que ambas encontramos y que nos ayudó a mantenernos ligeras de espíritu, espontáneas y auténticas en un momento en que la cultura y la familia permanecían rígidas y sin voluntad de querer conectar con aquello que es esencial.


El humor fue un mecanismo de defensa benigno que sirvió como una salida para liberar la frustración que experimentábamos del perseverante esculpido que recibíamos de parte del mundo externo.

Poco sabíamos en ese entonces que las carcajadas nos servirían para liberar aquellos sentimientos de dolor y tristeza que todavía permanecían sin poder ser reconocidos porque, la risa y la tristeza están entrelazadas, el humor es una forma de liberar energía, sin realmente tener que pasar por el dolor. Uno puede liberar energía de manera consciente o inconsciente.


Hoy en día diversas culturas usan el humor como una herramienta para liberar su energía, pero son pocos los que se atreven a mirar y reconocer aquello profundo que les duele. Es ahí cuando el humor o el sarcasmo pasa de ser una herramienta útil, a volverse en un inhibidor de crecimiento, pues este facilita una descarga sin realmente hacerle frente a la realidad.


El humor saludable debe ser tan solo una liberación de energía que posteriormente le abre la puerta a la autorreflexión, pues solo así es que podemos continuar en el camino correcto que envuelve el crecimiento y la expansión.






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