Sentir el Vacío y su relación con El Otoño


Mientras observaba la inspiradora y colorida escena de las hojas cayendo de los árboles, no pude evitar pensar en cómo anhelaba replicar el mismo flujo intuitivo con respecto a la expresión de mi Ser. Fue conmovedor para mí ver la forma en que los árboles revelan y expresan su vitalidad. Primero hablan a través de una sutil transformación del color de sus hojas; de amarillo a naranja, y finalmente se asientan con un elocuente rojo, simbolizando así la máxima inflamación de energía, aquella que busca la expresión momentos antes de cerrar su ciclo y dejando caer sus hojas.


Cada otoño mi atención se dirige hacia la naturalidad en la que los arboles sueltan sus hojas, haciéndolo de una manera fluida y artística para los espectadores, sin realmente experimentar resistencia y sincronizándose en una danza perfecta con el viento.


El proceso es dinámico; no es brusco, nadie controla a nadie, cada árbol tiene su propio ritmo. Algunos árboles dejan caer hojas en cuestión de días; otros tardan más.


Eventualmente, el árbol sin resistir el estado de su Ser, se encontrará sin hojas, limpio, rasurado y vulnerable, en una unión cálida, cercana y profunda con la madre tierra, permaneciendo desnudo y descubierto durante un periodo de tiempo determinado.


El árbol no tiene una mente propia que lo lleve a resistir el digno estado en el que se encuentra, simplemente ES, permaneciendo conectado al suelo, en una unión diferenciada este recibe los nutrientes necesarios para encontrar el descanso profundo y reparador que necesita.


Al fluir con lo que ES, este obtiene las condiciones adecuadas para volver a dar a luz de si mismo y regresar a vibrar en abundancia. Por tanto, forma parte de una transmutación constante a lo largo del tiempo. Sus hojas representan tan solo la expresión de un ciclo evolutivo, y alineado con la Fuerza de Vida.


Los humanos hemos quedado atorados con un critico (nuestra mente) dentro de nosotros mismos con pensamiento dualista, sin permitirnos una tercera posibilidad, tratando una y otra vez de experimentar el Jardín del Edén. Lamentablemente mientras permanezcamos en la dimensión física, no existe la posibilidad de poder permanecer ahi. Al no aceptar esta ilusión como lo que es; un sueño de la humanidad, quedamos atrapados en una búsqueda insaciable, convirtiéndonos en una escultura rígida sin movimiento y que se rompe fácilmente.



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