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Cuando tu hijo/a decide dejar de creer en Santa

Actualizado: 11 jul


🎄 Esta Navidad marca la primera vez en diez años consecutivos que mi hija mayor ha dejado de creer en Santa Claus.


Fue alrededor de esta época el año pasado cuando tomé la decisión de revelarle la verdad detrás de la ilusión navideña. Observé cómo sus preguntas se volvían cada vez más intensas y su curiosidad crecía sin cesar. Con nuestra relación estrecha y mi deseo de ser yo quien le comunicara la verdad, decidí tener una conversación sincera con ella en un momento en el que pudiéramos hablar sin interrupciones. 🗣️💭


Recuerdo claramente su expresión de alivio al recibir la noticia. Parecía como si compartirle la verdad le permitiera finalmente normalizar sus sentimientos de duda y desconfianza, que había estado experimentando durante algún tiempo y que, paradójicamente, habían comenzado a distanciarla de mí. Aquel momento desencadenó en ella una ráfaga de emociones, y aún puedo ver la expresión de satisfacción en su cara mientras asimilaba hasta dónde estábamos dispuestos los padres a llegar para mantener viva la ilusión de Santa Claus.


Esta revelación abrió paso a una conversación profunda y significativa entre nosotras, lo cual irónicamente fortaleció aún más nuestra relación. 💖💬


Fue la primera vez que pude apreciar cómo reflexionaba sobre su propia experiencia, en particular sobre cómo vivió su última Navidad, sumergida aún en la pureza de una sola emoción. Sin embargo, no fue hasta varios meses después de la revelación que ella pudo procesar completamente el impacto. Para entonces, la Navidad aún estaba a varios meses de distancia, y mi hija parecía estar contenta con la idea de convertirse en mi ayudante en la próxima celebración. 📅🎅🤶


Sin embargo, a medida que se acercaba la víspera de Navidad, los sentimientos de nostalgia y arrepentimiento por haber descubierto "la verdad" comenzaron a invadir su corazón. Parecía que aquel alivio que había experimentado en marzo venía acompañado de un costo elevado. Su melancolía alcanzó su punto máximo al ver las caras felices de sus amigas mientras escribían sus cartas a Santa. 😔😢💌


Para ella, todo había cambiado. Ahora experimentaba una soledad y una separación, al menos temporal, de sus amigas que resultaba imposible de remediar en ese momento. Se encontraba en la posición de sostener simultáneamente dos perspectivas duales: por un lado, estaba su mejor amiga emocionada por escribir su carta a Santa, y por otro lado, estaba ella, conociendo la verdad detrás de todo. 🤔📝✉️


Durante un tiempo, se culpó a sí misma por ser demasiado curiosa y deseó poder volver atrás en el tiempo. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que era imposible revertir lo ocurrido. Con la aceptación de la irreversibilidad de su situación, no le quedó más opción que permitirse llorar y liberar sus emociones.


Aquel llanto marcó el cierre de una etapa y el comienzo de otra. Afortunadamente, no tenía que pasar por ello sola, ya que yo estaba allí para acompañarla en su proceso de tristeza y decepción, sosteniéndola en mis brazos mientras dejaba ir todo lo que necesitaba soltar. 😢🤗💕


Fue en ese momento que mi hija experimentó por primera vez un ingrediente fundamental en su proceso de madurez: el conflicto interno.


A través de este conflicto, su conciencia se expandió, permitiéndole abrirse a nuevas perspectivas sin descalificar las antiguas. Curiosamente, como suele suceder, cuando las lágrimas encontraron una salida, una nueva mirada surgió. 😌💭🌟


Después de unas semanas y tras ver una película navideña juntas, mi hija parecía haber encontrado un nuevo significado.


Uno que reflejaba su intento de darle un giro personal a la Navidad y encontrar la magia en las pequeñas cosas. Comenzó a enfocarse en la alegría de compartir momentos especiales con sus seres queridos, en el amor y la generosidad que se respiraban en el ambiente navideño. Aprendió a apreciar la belleza de las tradiciones familiares y descubrió que el espíritu de la Navidad no se limita a la existencia de Santa Claus. 🎁🎉🎅


Desde entonces, cada Navidad ha sido diferente pero igualmente especial. Hemos creado nuevas tradiciones y hemos encontrado formas creativas de celebrar juntas. Mi hija ha aprendido a valorar la honestidad y la importancia de mantener viva la magia de la Navidad en su propio corazón.


Así que, aunque mi hija ya no crea en Santa Claus, cada Navidad seguimos compartiendo momentos llenos de amor, risas y gratitud. Es un recordatorio de que la magia de la Navidad está en la conexión y el amor que compartimos con nuestros seres queridos.



Adriana Soberon P. ©️ Copyright. Todos los Derechos Reservados. 📝🔒



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